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Remedios del Siglo XXI Ante la Pérdida de un Amor

REMEDIOS DEL SIGLO XXI ANTE LA PÉRDIDA DE UN AMOR

Aarón Compagny

C

arlos había nacido en el seno de una familia común. Asimismo, se educó en colegios comunes y convivió con gente común toda su vida. Como toda persona común de joven edad, tuvo amigos: amigos íntimos con quienes se confesaba, con quienes reía y se divertía. Tanto en la escuela como en el fraccionamiento, era conocido y bien querido.

Jamás sintió tener un vacío existencial, como todo ser humano común tiene. Quizá era esto lo que lo situaba fuera de lo común.

Si andaba con Joanna, no era para sentirse completo, pues él solo se bastaba para ser feliz. “¿Cómo iba a necesitar de alguien este extraordinario ser?” – Era ésta la idea que más fuertemente tenía en mente.

Ninguna separación lo había hecho llorar, jamás. Y la separación de Joanna no iba a ser la excepción.

Según recuerda, jamás, en su vida, había llorado. Sólo a los corazones de pollo –solía decir- les da por llorar.

Y desde luego que él no tenía un corazón de pollo. Amaba a Joanna, es cierto, mas nunca lloraría por ella, por más que fuera inminente su separación de ella.

Cada día que pasaba, crecía su amor por Joanna. Aparte de sí, era ella lo que más amaba –de hecho, la amaba tanto como a sí mismo-. Sin embargo, esto no iba a impedir que, a la hora de romper, él permaneciera íntegro.

-Será un lindo recuerdo. – pensaba Carlos con respecto a su futura ruptura con Joanna.

Su proyecto de vida era vivir solo; no incluía nada más, salvo, quizá, un gato. Y punto. Y Joanna lo sabía muy bien.

Cierto día, Joanna le dio la noticia a Carlos de que iba a ser padre. Diversos sentimientos convergieron en el corazón de Carlos.

Cierto, amaba a Joanna y, por esta misma razón, no iba a compartirla con alguien más, ni siquiera con un pequeño individuo que llevaba su sangre. ¡Era inadmisible!

Como era de esperarse, llegó el día en que nació el pequeño. Carlos no tuvo otra opción que la de esperar; quizá conociendo en persona al infante iba a cambiar de parecer.

Se sucedieron los días y, con ellos, la repugnancia hacia el bebé por parte de Carlos se incrementaba. Él amaba a Joanna solamente y, si es que llegaba a amar a alguien más, era a sí mismo, pero no tanto como a ella.

En vista de que no podía competir con su hijo por el amor de Joanna, decidió separarse de ella. Joanna quedó destrozada y, por primera vez en su vida, Carlos notó que se había creado un  vacío en su ser, pues Joanna ocupaba un lugar muy grande en él; de hecho, hasta mayor que el que ocupaba su amor propio.

Tenía un fuerte compromiso consigo, así que, a pesar de lo fuerte de la ruptura, evitó el duelo.

Mas, de lo que no tenía duda, era de que la ruptura con Joanna había creado un vacío, y dicho vacío no podía ser reemplazado por nadie más que por Joanna.

Tenía que recuperar a Joanna, a toda costa; sin embargo, sus principios no lo dejaban separarla de la criatura.

Había pasado ya bastante tiempo y no dejaba de amarla; se había enajenado con ella, al punto de que no se daba cuenta de que existía; seguía vivo y había muchos peces en el mar. Tampoco se había desecho de la idea de que estaba destinado a vivir solo, o quizá con un gato.

Vivía en la ciudad y, como es costumbre, llegó a su domicilio un folleto publicitario; sin nada que hacer, le dio una ojeada y le pareció interesante: ¡Ahí estaba la solución a sus problemas! Llamó al número que había al final del folleto y concertó una cita. Estaba decidido a no abandonar a Joanna, al precio que fuese. Y, después de la cita y un complicado procedimiento ulterior, logró tener a Joanna sin necesidad de ella: él se había convertido en Joanna.

 

septiembre 30, 2007 Posted by | cuento | , , , , | 6 comentarios